Así anda este paso por la Campana de Sevilla. Que elegancia, que serio, ¡vaya como anda el Señor de la Salud! Sin un paso más largo que otro, como dice su capataz: sin tonterías. El Gitano anda despacio, recreándose, sincero. Una bulería detrás de otra, vaya banda (Asociación musical Virgen de los Reyes), que no paran, que así es como se toca, para cerrar la madrugá Sevillana. Cuánto tenemos que aprender, desde Sevilla y desde toda España. Como dice su capataz: ¡camina! Que sobriedad, pero a su vez que espectacular. Los costaleros se dejan el corazón, y se lo dan con el Señor a Sevilla. Cuánto trabajo durante el año, pero que regalo nos dejan, el sentimiento de verdad, el de ese niño que entra en la cofradía sin saber andar, y acaba llegando a lo máximo que puede llegar un cofrade, a eso que es inexplicable, y eso no es nada más y nada menos que llevar al Señor, que ya te enseñó a caminar, porque este Cristo no anda, como dice su capataz ¡camina! La seriedad del paso, contrasta con la marcha al compás, lo que provoca una conjunción al más alto nivel que provoca el delirio en la campana. Y suena la Saeta, el éxtasis. Aplausos y ya se va un año más el Cristo de los gitanos sin dar un paso más largo que otro, con sentimiento de verdad, sincero. Que desde que lo ves llegar ya tienes la piel de gallina y esto no desaparece hasta que no se va Él. Lo mires desde donde lo mires, tantas veces como lo desees, el Señor de la Salud entra en tu corazón y no sale ya nunca de Él. Cuántos adjetivos se le pueden colocar a una puesta en escena, que desde un video en diferido te estremece, te lleva al cielo a ver al Señor y te baja rápidamente para decirte ¡camina!
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