Cansancio cofrade. Capitulo III Martes Santo



Llega el Martes Santo. Te despiertas descansado después de un día de sin participar en ninguna procesión. Vas a terminar de montar al Cristo de Perdón, a trasladar al Cristo de la Buena Muerte para que los fieles lo puedan ver bien de cerca, y comienza a prepararse el paso de la Santísima Virgen de la Esperanza. Es sin duda uno de los días que más se aprende en esta labor, al ver como el mayordomo y las camareras de las imágenes engalanan el paso. También puedes apreciar como se prepara el sistema eléctrico para que el Cristo pueda verse mejor gracias a los focos. Se realiza un descanso para respetar la hora de la misa en San Juan, y normalmente vas a tomar algo a un bar con el resto de hermanos. Después se termina de decorar lo que falte. Por la tarde el señor está totalmente preparado. Su cara refleja la humildad que desea que nosotros tengamos. El rey de los cielos se muestra como una persona cualquiera, que es condenada de la manera más injusta, pero que aun así, no guarda rencor sino que perdona a aquellos que desean ejecutarle. A la salida del Cristo, la banda de Jesús Nazareno toca la marcha real, y comienza la procesión. Cáceres se hecha a la calle para recibir al Señor. La ciudad está involucrada de lleno con la Semana Santa, y en las calles se respira la pasión y recogimiento de cada ciudadano. El vía crucis es recibido por cientos de personas en el gran teatro, en la calle Pizarro y la soledad. Su paso por la parte antigua no tiene precio. Ver un paso con esa decoración tan cuidada, en el que cada detalle está preparado con sumo cuidado. La bajada por los adarves, el arco de la estrella, y la entrada en la plaza abarrotada son momentos que uno desea disfrutar, bien como espectador, bajo el paso o como hermano de escolta. El paso por la calle pintores con los nervios de la entrada. Y esta se realiza despacio, los hermanos de carga se recrean cuando suena bulería en San Román. Una mecida suave y lenta, al ritmo que marca la marcha. Justo cuando alcanza las escaleras de San Juan, termina la marcha y comienza la marcha real con la que también se abría la procesión. El año pasado, el recorrido también fue precioso por la audiencia, donde se pudo apreciar la imagen inédita del Cristo bajo el arco de esta. Por la mañana, en la hora de misa, también puedes subir a la ermita del Amparo, por si requieren de alguna ayuda. Por la noche, este Cristo atrae a muchos ciudadanos cacereños que abarrotan la subida a la montaña para verlo en un escenario por el que no pasan otros pasos. El Señor, va envuelto en un silencio sepulcral, tan solo roto por las cadenas del penitente, por el rozar de su cruz por el empedrado, por las numerosas saetas que le cantan los saeteros cacereños. Va caminando a paso lento, en soledad. Ver a la cofradía del Amparo en la calle es ver una cofradía seria, con un bombo destemplado como único sonido, es ver caminar a dios escoltado por sus hijos, que no muestran su cara ni hablan porque quieren que el protagonismo sea para Cristo, que camina en humildad, con un rostro cansado pero que acepta su destino porque así está escrito. Durante el recorrido, se realiza el sermón de las siete palabras. Si miras a la cara del Cristo o cierras los ojos, lo veras subir al monte calvario. En cada parte del recorrido de esta procesión puede saltar la chispa, esa misma que te hace trasladarte 2000 años atrás y estar con el Señor en las últimos minutos antes de su crucifixión.
Cuando cantan una saeta, cuando el penitente se para a escuchar la palabra, cuando un espectador mira al Señor a los ojos y le pide consejo, apoyo... Pero si hay un momento en el que sin duda te siente al lado del Señor en su final es al llegar a San Mateo, en un momento único para los hermanos de la cofradía, en el cual entra el Cristo del Amparo, y suena el órgano de la iglesia. En ese momento sientes que el Señor ha llegado al gólgota y va a ser crucificado. El camino ha finalizado, todo esta preparado para el final. El cansancio ha vuelto a apoderarse de tu cuerpo pero ni siquiera piensas en el. Tu mente esta metida en la Semana Santa, y ya piensas que mañana es el gran día, probablemente el más importante, el día que sale La Señora a dar esperanza a los cacereños. Estos, volverán a salir a la calle para verla a ella, para pedirle que ruegue por ellos, para mirarle a los ojitos, para decirle guapa, para contarle aquel problema que tienen, para intentar aguantar esa lagrima en sus ojos pero que finalmente se derramará por sus mejillas, al igual que a ella se le derramó al ver a su hijo crucificado. El cansancio se convierte en impaciencia por verla en el la puerta de San Juan, con esa boca entreabierta, diciendo a los cacereños que hay esta un año más, al lado de sus cacereños.

Julián

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