Llega el Jueves Santo. El día en el que Cristo probará por última vez del fruto de la vid, en el que cenará por última vez con sus amigos, en el que se mostrará como el más humilde lavándole los pies a sus apóstoles, en el que pedirá a su padre que aparte el cáliz de ÉL, pero siempre respetando la voluntad del todopoderoso. Por último será traicionado por uno de sus discípulos y juzgado por el Sanedrín. Poncio Pilato lo condenará a ser azotado.
Comienza el día más largo del año, ya que durará 48 horas. Estaremos en la calle 18 horas contando sólo desde que las cruces de guía de nuestras hermandades salen a la calle hasta que el último paso entra y sumando todas las procesiones en las que participaremos en estos dos días. Nuestros hombros comienzan a estar resentidos, y es que la Esperanza pesa, y pesa de verdad.
La primera cofradía que saldrá a la calle será la de la Sagrada Cena. Esta cofradía puede perfectamente ser denominada como "la valiente". Este apelativo lo ostenta la hermandad de la Estrella de Triana. La llaman así porque fue la única que se atrevió a salir a la calle en la Semana Santa de Sevilla de 1932. El ambiente era muy hostil
por el hecho de que el gobierno de la República estableciese un estado laico. El anticlericalismo que se vivía en la calle era brutal. Pues bien, La Estrella salió arropada por miles de fieles y sufrió varios atentados: una bomba en un ramo de flores que no llegó a estallar y varios disparos que afortunadamente no rozaron siquiera a la preciosa imagen. Aunque la situación no tiene nada que ver, la cofradía de la Sagrada Cena se ha sobrepuesto siempre a la adversidad. Construyeron dos pasos de dimensiones y características nunca antes apreciadas en nuestra ciudad. El primer año que salen a la calle como cofradía independiente aguantan con fuerza el chaparrón que le cae a la Sagrada Cena tras pasar el Arco de la Estrella. Cada año han sabido sobreponerse a la falta de hermanos suficientes para cubrir a dos pasos de esas dimensiones (o bien han salido con menos hermanos de los que se requieren, o bien han utilizado el carro previsto para esta situación). Y es que cada año esta cofradía tiene que apelar a la heroica para poner sus dos pasos en la calle.
Los hermanos desde que llegamos empezamos a contar cuantos estamos, continuamos rogando al Señor de la Eucaristía que nos deje llevarle como el se merece por las calles cacereñas... Se cuenta mil veces pero nada. El paso del señor requiere entre 100 y 125 hermanos y la Virgen del Sagrario a 45 mujeres para salir a la calle. Pues bien, la situación cada año es similar. Nos presentamos entre 70 y 80 hombres y unas 50 mujeres. La valentía es ese acto heroico, en el que un hombre o una mujer hacen cosas irracionales con tal de alcanzar su objetivo. Pues este acto lo realiza cada año esta cofradía al salir a la calle. Es una cofradía valiente porque con muchos menos hermanos de los que requiere, afronta sus 4 horas de recorrido. Y de esta valentía tienen mucha culpa las mujeres. Las mujeres de esta cofradía son las que permiten que salga a la calle. Además de llevar a la Virgen del Sagrario de una forma única, exclusiva y como solo ellas saben llevarla, han contagiado con su estilo al paso de La Sagrada Cena del Señor. Gracias a entre 15 y 20 heroínas el paso del Señor ha podido salir a hombros estos últimos años. Cuando los hermanos nos damos cuenta de que estamos 70 y que las hermanas llegan justo a 50, llega el momento en el que se presentan voluntarias unas cuantas valientes que nos enseñan que el corazón y la fe no tienen límites, y que realmente mueven montañas. A la satisfacción de poder sacar un año más al hombro a dos de las imágenes más dulces de la Semana Santa cacereña, se le une la incertidumbre de no conocer hasta que punto del recorrido aguantarán nuestras fuerzas y si estas nos permitirán llegar de nuevo a casa.
El paso del Señor sale a la calle y en el momento en el que lo tienes al hombro te das cuenta de que aquellos no cenaron poco aquella noche. Pero a pesar de estos temores esta cofradía se pone en la calle con orgullo, diciendo: "ya estamos aquí de nuevo", un año más el Señor mirará con dulzura y desde lo más alto, a todos y cada uno de los cacereños que adoran la Semana Santa sincera, la de la fe en Cristo y en María. Tras el paso por las sinuosas calles de los aledaños de Santiago, el paso de misterio se planta justo al final de Gabriel y Galán antes de entrar en la plaza, como si se presentara por sorpresa pidiendo la venia a aquellos que creían resignados que no saldría. Y el pueblo de Cáceres se sorprende gratamente al verle llegar y se la da, y admira el paso de La Sagrada Cena con agrado de ver al Señor sin heridas, humilde y preparado para salvarnos a todos un año más, y tras el viene su Madre, ella que también es Madre nuestra, da una lección de desparpajo, de estilo particular pasando con confianza por delante de la tribuna, y es que la llevan el resto de valientes, esas mujeres que la llevan con fe, y ¡qué bien lo hacen!, llevándola a su estilo, mostrando su arte de manera sincera, sin temores. Sabiendo que su Madre las cuidará bajo su manto. En la subida por Pintores, su paso por San Juan el gran teatro y en la entrada triunfal en Cánovas y rodeando la Fuente Luminosa, los hermanos y hermanas se han sentido fuertes en esta parte del recorrido, pero una vez que se enfila el camino de vuelta... La fuerza se acaba y ya solo queda la fe. El paso sereno, lento, al compás de la música se convierte en el paso de la fe y el corazón. Un pie detrás de otro y teniendo por objetivo volver a casa como sea. Las paradas son más repetidas pero por fin se llega a Santiago de nuevo, y allí, en la casa de hermandad, educadamente, espera el Señor de la Eucaristía y todos sus apóstoles a que la Señora entre primero. Se preguntan cómo vendrán ellas, con lo que hemos sufrido nosotros. Pues hay están, más fuertes que nunca, de nuevo con desparpajo y sin traicionar a su estilo, mostrándonos que ellas están cansadas también, pero que le quedan fuerzas para subir de nuevo a la Fuente Luminosa si Ella se lo pidiese. Y es que las mujeres de esta cofradía son así, imprevisibles, valientes, son heroínas. Llevan a la Virgen delante del Señor y nos dan motivos para levantarlo de nuevo, nos dan la fuerza que necesitábamos, y conseguimos entrar de nuevo triunfales en casa. Los sentimientos se han desbordado, hemos conseguido otro año más enseñar a Cáceres a nuestras imágenes, hemos conseguido transmitir que la fe mueve montañas y que con corazón todo se puede alcanzar. Ver desde el final de la Plaza a la Virgen al son de Campanilleros es tu mejor recuerdo de entre los buenos momentos, y los otros momentos, los del sentimiento que acabas de vivir. El cansancio cofrade es ya mayúsculo y sólo has terminado la primera de las 5 estaciones de penitencia que vas a realizar. Las fuerzas bajo mínimos y la fe por todo lo alto.
Comienza el día más largo del año, ya que durará 48 horas. Estaremos en la calle 18 horas contando sólo desde que las cruces de guía de nuestras hermandades salen a la calle hasta que el último paso entra y sumando todas las procesiones en las que participaremos en estos dos días. Nuestros hombros comienzan a estar resentidos, y es que la Esperanza pesa, y pesa de verdad.
La primera cofradía que saldrá a la calle será la de la Sagrada Cena. Esta cofradía puede perfectamente ser denominada como "la valiente". Este apelativo lo ostenta la hermandad de la Estrella de Triana. La llaman así porque fue la única que se atrevió a salir a la calle en la Semana Santa de Sevilla de 1932. El ambiente era muy hostil
por el hecho de que el gobierno de la República estableciese un estado laico. El anticlericalismo que se vivía en la calle era brutal. Pues bien, La Estrella salió arropada por miles de fieles y sufrió varios atentados: una bomba en un ramo de flores que no llegó a estallar y varios disparos que afortunadamente no rozaron siquiera a la preciosa imagen. Aunque la situación no tiene nada que ver, la cofradía de la Sagrada Cena se ha sobrepuesto siempre a la adversidad. Construyeron dos pasos de dimensiones y características nunca antes apreciadas en nuestra ciudad. El primer año que salen a la calle como cofradía independiente aguantan con fuerza el chaparrón que le cae a la Sagrada Cena tras pasar el Arco de la Estrella. Cada año han sabido sobreponerse a la falta de hermanos suficientes para cubrir a dos pasos de esas dimensiones (o bien han salido con menos hermanos de los que se requieren, o bien han utilizado el carro previsto para esta situación). Y es que cada año esta cofradía tiene que apelar a la heroica para poner sus dos pasos en la calle.
Los hermanos desde que llegamos empezamos a contar cuantos estamos, continuamos rogando al Señor de la Eucaristía que nos deje llevarle como el se merece por las calles cacereñas... Se cuenta mil veces pero nada. El paso del señor requiere entre 100 y 125 hermanos y la Virgen del Sagrario a 45 mujeres para salir a la calle. Pues bien, la situación cada año es similar. Nos presentamos entre 70 y 80 hombres y unas 50 mujeres. La valentía es ese acto heroico, en el que un hombre o una mujer hacen cosas irracionales con tal de alcanzar su objetivo. Pues este acto lo realiza cada año esta cofradía al salir a la calle. Es una cofradía valiente porque con muchos menos hermanos de los que requiere, afronta sus 4 horas de recorrido. Y de esta valentía tienen mucha culpa las mujeres. Las mujeres de esta cofradía son las que permiten que salga a la calle. Además de llevar a la Virgen del Sagrario de una forma única, exclusiva y como solo ellas saben llevarla, han contagiado con su estilo al paso de La Sagrada Cena del Señor. Gracias a entre 15 y 20 heroínas el paso del Señor ha podido salir a hombros estos últimos años. Cuando los hermanos nos damos cuenta de que estamos 70 y que las hermanas llegan justo a 50, llega el momento en el que se presentan voluntarias unas cuantas valientes que nos enseñan que el corazón y la fe no tienen límites, y que realmente mueven montañas. A la satisfacción de poder sacar un año más al hombro a dos de las imágenes más dulces de la Semana Santa cacereña, se le une la incertidumbre de no conocer hasta que punto del recorrido aguantarán nuestras fuerzas y si estas nos permitirán llegar de nuevo a casa.
El paso del Señor sale a la calle y en el momento en el que lo tienes al hombro te das cuenta de que aquellos no cenaron poco aquella noche. Pero a pesar de estos temores esta cofradía se pone en la calle con orgullo, diciendo: "ya estamos aquí de nuevo", un año más el Señor mirará con dulzura y desde lo más alto, a todos y cada uno de los cacereños que adoran la Semana Santa sincera, la de la fe en Cristo y en María. Tras el paso por las sinuosas calles de los aledaños de Santiago, el paso de misterio se planta justo al final de Gabriel y Galán antes de entrar en la plaza, como si se presentara por sorpresa pidiendo la venia a aquellos que creían resignados que no saldría. Y el pueblo de Cáceres se sorprende gratamente al verle llegar y se la da, y admira el paso de La Sagrada Cena con agrado de ver al Señor sin heridas, humilde y preparado para salvarnos a todos un año más, y tras el viene su Madre, ella que también es Madre nuestra, da una lección de desparpajo, de estilo particular pasando con confianza por delante de la tribuna, y es que la llevan el resto de valientes, esas mujeres que la llevan con fe, y ¡qué bien lo hacen!, llevándola a su estilo, mostrando su arte de manera sincera, sin temores. Sabiendo que su Madre las cuidará bajo su manto. En la subida por Pintores, su paso por San Juan el gran teatro y en la entrada triunfal en Cánovas y rodeando la Fuente Luminosa, los hermanos y hermanas se han sentido fuertes en esta parte del recorrido, pero una vez que se enfila el camino de vuelta... La fuerza se acaba y ya solo queda la fe. El paso sereno, lento, al compás de la música se convierte en el paso de la fe y el corazón. Un pie detrás de otro y teniendo por objetivo volver a casa como sea. Las paradas son más repetidas pero por fin se llega a Santiago de nuevo, y allí, en la casa de hermandad, educadamente, espera el Señor de la Eucaristía y todos sus apóstoles a que la Señora entre primero. Se preguntan cómo vendrán ellas, con lo que hemos sufrido nosotros. Pues hay están, más fuertes que nunca, de nuevo con desparpajo y sin traicionar a su estilo, mostrándonos que ellas están cansadas también, pero que le quedan fuerzas para subir de nuevo a la Fuente Luminosa si Ella se lo pidiese. Y es que las mujeres de esta cofradía son así, imprevisibles, valientes, son heroínas. Llevan a la Virgen delante del Señor y nos dan motivos para levantarlo de nuevo, nos dan la fuerza que necesitábamos, y conseguimos entrar de nuevo triunfales en casa. Los sentimientos se han desbordado, hemos conseguido otro año más enseñar a Cáceres a nuestras imágenes, hemos conseguido transmitir que la fe mueve montañas y que con corazón todo se puede alcanzar. Ver desde el final de la Plaza a la Virgen al son de Campanilleros es tu mejor recuerdo de entre los buenos momentos, y los otros momentos, los del sentimiento que acabas de vivir. El cansancio cofrade es ya mayúsculo y sólo has terminado la primera de las 5 estaciones de penitencia que vas a realizar. Las fuerzas bajo mínimos y la fe por todo lo alto.
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