En el año 2009, Nuestro Padre Jesús Nazareno cumplirá 400 años entre los cacereños. El amor que todos los ciudadanos de nuestra ciudad le han mostrado día a día durante los últimos 4 siglos son una gran muestra de fe. Los cacereños no idolatramos una imagen, una simple pieza de madera, los cacereños simplemente estamos al lado de la cara y el cuerpo que para nosotros representan al Salvador. Cuando en la madrugá de cada Viernes Santo, tenemos la enorme fortuna de verle pasar, bien sea en Santiago, en la Plaza, en Pintores, en San Juan o en los mismísimos Adarves, vemos a Jesucristo, caminando trabajosamente hacia el Calvario, y deseamos cargar con su cruz, quitarle esa cara de sufrimiento, secarle esas gotas de sudor frío que al alba cacereño recorre también mi cuerpo. El caminar suave, lento y reposado de nuestros mayores, es el paso que lleva mi Nazareno. Su cruz de carey, lleva cada uno de los pecados que nosotros cometemos. Al verlo cargado con ella, nos arrepentimos. Recordamos y hacemos nuestras esas palabras que el Señor le susurro a María Magdalena, vete y no peques más. Pero, ¿cómo me voy a ir Padre?, ¿cómo voy a dejar solo a mi padre mientras sufre?, ¿cómo voy a permitir que le insulten, que le humillen, que le empujen o le peguen? ¿Sería tu hijo si lo permitiese? No puedo Señor, los mismos pecados con los que te he defraudado y sobre todo, el amor y la fe que te ofrezco cada día de mi vida, no permiten que me marche. Ahora Padre, que hacemos una reflexión sobre todos los años que has querido ser el pilar sobre el que nos hemos apoyado cada uno de los cacereños, ahora Padre, yo también considero todos los años que te he tenido a mi lado. Aun recuerdo Maestro, cuando esperaba verte salir, bajo los arcos que están al lado de la puerta de Santiago, en la fila de los niños. En esos momentos de frío, de sueño y de niñez, imaginaba que la iglesia eran aquellos muros entre los que estuviste durante tus últimas horas antes de partir hacia el Gólgota. Reflexionaba sobre que pensaste Tú en esos momentos. En ese momento no hallaba respuesta, ahora sé que pensabas en cada uno de nosotros. Y cuando por fin te veía salir, tras interminables momentos de espera, se me iluminaba la mirada, que justo antes estaba triste y apagada. A pesar de mi niñez, estaba conociendo a aquel que dio la vida por cada uno de nosotros. Lo estaba viendo caminar. Después de aquella primera vez, en que te vi suspirar por cada alma que llevas tras de TI, no he faltado a mi cita contigo de cada madrugá de Viernes Santo. Tan solo un año, no estuve en Santiago para verte salir de los muros, pero ese año también estuve contigo Señor, estuve soñando que te llevaba sobre mis hombros, te tuve tan cerca... que intente aliviarte el peso de la cruz, el sueño de todo cacereño, ¿o no es verdad? y cuando fui a intentarlo, no me dejaste. Si tanto pesa Señor déjame al menos que te ayude, o que llame yo a mi turno del Calvario, o hasta de las Angustias si es necesario, que cada uno de nosotros estamos dispuestos a ayudarte en tu angustioso caminar. Al despertar del sueño, volví a pecar. Me enfadé con mi padre, al que Tú me has dicho que honre cada día de mi vida. Sé que no me puedo justificar, pero es que pasarme un año sin verte por el empedrado cacereño es algo que no se puede aguantar.
En esa cruz de carey Señor, no sólo llevas nuestros pecados. Ese madero pesa tanto porque guarda nuestra ilusión, la de todos los cacereños. Esos que al pasar cerca de Santiago no podemos resistirnos a entrar a verte, esos que cuando Santiago está cerrado te rezamos tres padrenuestros y al terminar seguimos pensando que no es suficiente. Llevas Señor, sobre tus hombros, una Cruz cargada de ilusiones, que te pedimos humildemente, pero esas ilusiones no son otras que peticiones de que siempre estés a nuestro lado. Maestro, si como dice Juan Corrales "el borrasca", nos has enseñado a caminar. Si el único recuerdo que tenemos antes de los cinco años es haberte visto a hombros de "los abuelos", esos a los que tanto hemos admirado y que tantas veces hemos deseado ser.
¿Para qué una túnica bordada, Señor?
¿Para qué si tu rostro moreno, ensangrentado y boquiabierto nos estremece el alma?
¿Para qué si Tú, salgas como salgas voy a estar a tu lado por si quieres que te ayude?
¿Para qué si a tus hijos cacereños nos basta con tenerte en nuestro pensamiento?
Señor de Cáceres, gracias por estar con nosotros. Cáceres es una ciudad que tiene unos ciudadanos que no se valoran demasiado, por muy buenos que sean, son humildes por naturaleza, como lo eras Tú, pero a pesar de todo, se sienten ricos, tenemos algo con lo que nos sentimos los más afortunados de la tierra, que simplemente con saber que está ahí, en su capilla en la iglesia de Santiago, nos sentimos seguros y protegidos, te tenemos a nuestro lado Señor, y eso es algo que cada Cacereño considera como imprescindible, a la vez que suficiente. Podemos prescindir de todo Maestro, te aseguro que los cacereños hemos dejado nuestra barca en la arena hace 4 siglos, desde aquel día que llegaste a Cáceres, buscamos otro mar junto a ti. Tú nos has mirado a los ojos al caminar, has dicho nuestro nombre y con tu dulce voz nos has dicho que caminemos a tu lado, nosotros siempre queriéndote quitar tu carga y Tú siempre protegiéndonos.
Gracias Padre por haber elegido nuestra ciudad para ser el centro de nuestros rezos.
Tu cruz llena de ilusiones,
Carga también muchos pecados,
De tus seres más amados,
Que han caído en tentaciones.
¿La ilusión de un cacereño?
Tenerte siempre a su lado,
¿Sabes cuánto te han rezado?
Muchísimo, hasta en sueño.
Desde lo alto Padre bueno,
Vas mirándome dulcemente,
Yo se bien lo que se siente,
Cuando te mira el Nazareno.
Te sientes afortunado,
Y al mismo tiempo le rezas,
Para que perdone lo que pecas,
Por que es tu Maestro amado.
De la puerta de Santiago,
Ha salido el Nazareno,
Y todo el pueblo cacereño,
Intenta seguirle a su lado.
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