Desde sus altares aguardan ya las imágenes de Jesús y de María la llegada de la próxima Semana Santa. Alguna saldrá antes, como la del Señor de la Eucaristía, la gran mayoría serán veneradas tanto en sus altares como en quinarios, besapies, besamanos...
La Semana Santa ha pasado rápido, y en el camino hasta la siguiente, los hermanos nos llenamos de ilusiones pensando en lo que se podría mejorar de los pasos, rememorando los momentos que nos han hecho emocionarnos...
Pero tras todo esto, me da la sensación de que, a pesar de todo lo que hemos mejorado en "plata y oro", no lo hemos hecho tanto en la esencia de la Semana Santa. Las cofradías se están empeñando y esforzando en que las hermandades vivan activas durante todo el año, que el sentimiento de hermandad, de amor a Cristo y a la Virgen Santísima permanezcan durante la Semana Santa y en el resto del año. Pero repasando los vídeos, me da la sensación de que en el continuo afán de mejorar la belleza de nuestras imágenes, nos hemos olvidado de la esencia de la Semana Santa, la cual no es otra que representar la pasión del Señor, y dar una lección de amor y respeto a Cristo y a María, acompañada del amor a nuestros hermanos.
En las estaciones de penitencia, raro es el momento en que los hermanos se paran a mirar a Cristo y a María a los ojos, para rezarle, para hablarle y contarle aquello que sienten al ver como llega al corazón de los presentes. Raro es el momento, en que un hermano se fija en como se emociona un espectador o espectadora al ver la imagen del Señor. Más bien lo que veo es un constante dialogar entre los hermanos y entre el público. Pasan las imágenes y es como si pasase un mueble por delante, nadie parece pararse a reflexionar que quien esta pasando por delante es el Señor sufriendo, o la Virgen María en su soledad y tristeza. Parece que lo único importante durante la estación de penitencia es que me vean cargando, "bailarla" o charlar con el hermano que hace un año que no veo sobre el último partido del Madrid o el Barca. Todo ello hace que se pierda la esencia de la Semana Santa, que lo que vaya sobre nuestros hombros deje de ser Cristo o María para pasar a ser un trozo de madera.
No está mal que queramos que se declare nuestra Semana Santa fiesta de interés turístico internacional. Pero esto no debe ser lo que destaque de nuestra Semana Santa. Lo que debe destacar y ser lo principal es nuestra fe en Cristo y en la Virgen María inmaculada, nuestro amor a nuestros hermanos, nuestra penitencia bajo los varales, la cual es una ofrenda al Señor como muestra de arrepentimiento de nuestros pecados. Lo que realmente tenemos que tener por objetivo, es emocionar a los asistentes, que vean a Cristo o a María, y no un trozo de madera cargado por unos hombres y mujeres. Que nuestra estación de penitencia sea una obra de evangelización, de acercar a las personas a Dios, de hacerles comprender que ese al que llevamos sobre nuestros hombros, es el que hace 2000 años fue crucificado para nuestra salvación, dio la vida por todos y cada uno de nosotros, y es el mismo que cada día, vela por nosotros cuando nos encontramos tristes o necesitados, pero también el que nos regala cada suspiro de felicidad en nuestras vidas.
Si la Semana Santa solo consta de plata y oro, pero no de fe, emociones, sentimientos, oración…deja de ser Semana Santa para convertirse en un carnaval, o cualquier fiesta del folklore pagano. No comprenderé nunca a esos hermanos que año tras año, asisten a la procesión para estar continuamente hablando, para dar voces, para cualquier cosa menos reflexionar sobre lo que está haciendo.
Toda esta sensación me ha creado cierta vergüenza y porque no decirlo, cierto enfado al ver la indiferencia de la gente al presenciar por ejemplo, la entrada del Cristo de las Indulgencias, una de las más bonitas y emocionantes de la Pasión cacereña. Pude apreciar con incredulidad como la gente ni se fijaba en el paso, que llegaba a hombros de los hermanos, los cuales permanecían en escrupuloso silencio y concentración. Mientras yo estaba sintiendo como Jesús pasaba frente a mi ya muerto, mientras yo estaba sintiendo como se rasgaba el velo del templo, como se estremece mi alma y la de Dios, el resto de la gente parece no saber de que va la cosa, parece estar en cualquier sitio menos en una estación de penitencia. Ni los propios hermanos que han entrado ya sus pasos desean quedarse a observar tan bello y emotivo momento…No daba crédito a lo que veían mis ojos. Pero lo peor es que esta sensación ya se lleva repitiendo algún tiempo.
Insisto en que la declaración de fiesta de interés turístico internacional no servirá de nada si perdemos la esencia de la Semana Santa. Todos debemos reflexionar y concretar si realmente queremos una fiesta pagana o una expresión de fe. Yo soy el primero que quiere que mi Esperanza vaya guapa y bonita, y mi Nazareno imponente y sereno, rodeados de oro y plata (del mismo modo con el resto de imágenes de nuestra Semana Santa) para que se vean más bonitos si cabe, pero que todo esto no signifique un menoscabo de nuestra expresión de amor y de fe, de emociones y sentimientos.
También creo que esta fe y este sentimiento, deben permanecer en los cofrades durante todo el año. No ser una mala persona que para nada tiene en cuenta a Dios y a sus hermanos durante todo el año, para llegar el domingo de Ramos y ponerse la túnica por mera tradición o costumbre. El cofrade debe ser un buen cristiano durante todo el año, ayudando en lo que pueda a los demás, tener siempre en mente a Cristo y a María. Además, no esta de más realizar una visita a los templos de vez en cuando, además de la misa de los domingos, para rezarle para hablarle aL Señor y a la Virgen Santísima. Pero esto no se debe ver como una obligación. Para mí es una necesidad ir a ver al Cristo de la Buena Muerte y a María Santísima de la Esperanza en cuanto llego a Cáceres. Para mi no es suficiente rezar delante del cuadro de la Esperanza que tengo en Madrid, cuando llego estoy deseando que llegue el momento de poder ir a verla, a contarle mis cosas, a sentirme cerca de ella. Os aseguro que soy consciente de que cada ser humano vive la fe de una manera, pero también estoy seguro de que debemos vivirla mediante un contacto continuo con Dios, con la reflexión sobre nuestros actos, con la oración, con la complicidad que se produce al hablar con nuestra madre y nuestro padre, porque al fin y al cabo son eso, nuestros padres, a quien contamos nuestras cosas, nuestras tristezas pero también nuestras alegrías. Espero que con este artículo realicemos cada uno una reflexión, sobre como estar más cerca de Cristo, sobre como querer más a María.
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