La Semana Santa Cacereña es como ya sabemos una Fiesta de Interés Turístico Nacional. Sus imágenes son conocidas en toda Extremadura y en gran parte de España. Además con la ayuda de las páginas web dedicadas a este acontecimiento religioso, son muchos los que han podido apreciar visualmente toda nuestra Semana Mayor sin necesidad de acercarse a nuestra ciudad. Pero yo me pregunto, ¿solo con verla basta? ¿Sería igual nuestra Semana de pasión sin los sonidos? ¿Realmente podríamos prescindir de ellos? y por otra parte, ¿podría una persona ciega llegar a apreciar nuestra Semana Santa, recogiendo su esencia y viviéndola como cualquier otra persona?
Espero que con estas líneas estas preguntas puedan encontrar respuesta.
La Semana Santa de Cáceres, no empieza con el desayuno de los Ramos. Tampoco con la eucaristía previa a la procesión. La Semana Santa Cacereña siempre ha comenzado con el primer toque de tambor de la banda de Romanos de la Cofradía de los Ramos, el famoso paparrán,pan,paparrán,pon,pan. Ese instante da inicio a la Semana de Pasión. No recordamos que estamos viendo año a año cuando esos tambores y bombos son golpeados por baquetas de madera por primera vez. Simplemente sabemos que cuando algo semejante suena el Domingo de Ramos en la plaza de San Juan, nos corren mariposas por las tripas, nos invade nerviosismo fundido en alegría y se sabe con certeza que comienza la Pasión del Señor. A este famoso sonido del tambor le sigue el murmullo de Domingo de Ramos, voces de niños se enredan entre caricias de palma frente a recuerdos y anécdotas de otros años ya pasados... Ese murmullo aumenta y se entremezcla con sonidos de cornetas al llegar a la Plaza Mayor donde se hace mucho más intenso.
Llega la tarde y el murmullo continúa en las traseras de Santiago. Se acompaña en esta ocasión de afinamientos de corneta y de traqueteos de metal que llegan de la casa hermandad del Nazareno y que son generados por enseres de la cofradía. Ese mismo golpe de metal contra metal se escuchará cuando los 12 varales del palio se coloquen sobre las andas plateadas, síntoma irrefutable de que la Reina del cielo se halla dispuesta para llenar de lágrimas las calles cacereñas.
Será ya lunes cuando de nuevo los tambores retumben en los muros de una ciudad medieval. Unos muros que llevan más de 600 años absorbiendo redobles de tambor. No queda muy lejos cuando esos redobles venían de la banda del Cristo de las Batallas, y que a muchos aun no se nos han olvidado, al igual que a las piedras del Arco de la Estrella, que aun recuerdan cuando por última vez se tocó allí la Saeta.
Sonará en la tarde noche del Martes Santo un llamador de plata sobre una madera de más de cincuenta años. Crujirá de nuevo esa madera que no hace tanto tuvo el placer de llevarla a ella, a la Esperanza, antes de que subiera hasta las puertas del cielo en su paso de alpaca sobre aun madera de cedro. Ya entrada la noche, el sonido de unas cadenas, un madero que toca piedra a piedra el suelo de la parte antigua y el sentir de un bombo destemplado, precederán a la subida del Amparo por los adarves. No debió ser muy diferente ese sonido al que se escuchó en la subida al gólgota hace más de dos mil años. La única diferencia, el silencio, que aquí también suena cuando callan los cacereños. Bajarán decibelios pero se escuchará como pasa el Señor, porque con el pasará el respeto de un pueblo que se inclina en San Mateo.
Volverá el bullicio en la tarde del Miércoles Santo. Desde Cánovas a San Juan el sonido de una multitud de gente inquieta y que inunda las calles será el chivato de que sale la Señora y Reina de Cáceres. Por que su barrio abarca todo, desde la Plaza del Duque hasta la cruz, desde la Pizarro hasta el barrio Busquet. Y se volverá a escuchar el llamador...
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