Culpable de mi fe

Cacereña en tus ojos
en tus mejillas,
Cacereña en tus labios
y en tu barbilla.

Tus cejas fruncidas vienen de San Gil,
mientras que tus ojos vieron la luz en Pureza,
siendo tu nariz trianera ,
tus lágrimas son macarenas.

Pero tus labios,
¿de dónde vienen tus labios Señora?
¿de dónde viene tu mirada de vigente esperanza
ante el fin cierto y irrefrenable de la muerte de un hijo?

Eres baluarte de la fe en Cristo
eres el sentimiento que hace creer
lo eres, y desde aquí te insisto
que gracias a tí soy capaz de ver.

¿Por qué aguardar una larga agonía
que dura ya cuatro días
desde que de Jerusalén llegara
sentado en la burrina?

¿Por qué aguardar impasibles
en el valle de lágrimas
de fervor increible
por la salvación de las almas?

Llévame de tu mano esperanza,
por el sendero de la gloria que sigue tu palio,
déjame verte la cara y así saber que es verdad que existe algo,
que me lleva a creer cada día que sin tí nada valgo.

Julián

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