¡Qué la Nochebuena sea una noche buena de verdad!

Cuando aún no ha terminado el sorteo de la Lotería de Navidad, me dispongo a escribir un artículo que sinceramente creo que es necesario lanzarlo para vivir de una manera más espiritual esta época tan entrañable del año.

De nuevo, tras un adviento largo para muchos, llegamos a la Navidad con ganas de descansar, estar con la familia y divertirnos un poco... Este año, nada escapa a la crisis que inunda cada ámbito de nuestra vida. Muchas veces estas dificultades económicas están creando malos ambientes en las familias. Sin embargo, pienso que para la familia cristiana puede suponer una vuelta a los valores de austeridad, de felicidad junto a los más queridos, amor, caridad y Esperanza que en el nacimiento del Señor se inspiraron pero que fácilmente se olvidan en épocas de bonanza económica. Hemos vivido años de desenfrenos navideños, de excesos, de ser una época más de vacaciones en el año, perdiendo el sentido que realmente se ha forjado a través de la historia. En la Nochebuena del 24 de diciembre, va a nacer un año más Jesús de Nazaret, el mismo que llegará sobre la burrina a Cáceres en Semana Santa, el mismo que será entregado, flagelado, el mismo que bajará los adarves con su cruz y que será crucificado en San Mateo, donde morirá irremediablemente para resucitar en el Altozano de la Soledad el Domingo de Resurrección. Este nacimiento tiene que tener importancia máxima para un cristiano. Es la venida del Salvador, de Dios hecho hombre, ese niño es al que rezamos cada noche. Esa noche hay que compartir la felicidad de ese nacimiento con la familia y amigos. Que no sea por favor una fiesta más, que no es un día cualquiera, que no consiste simplemente en emborracharse y desfasarse (en el sentido literal y no vulgar de la palabra) sin rememorar lo que realmente representa este día. Es tremendamente necesario acuñar durante esa noche los valores que expuse antes en esa noche para mantenerlos después durante todo el año. Esos valores deben empezar a calar sobre nuestro cuerpo en la preparación de la cena, en la puesta de la mesa para acoger los alimentos que solo gracias a Él alcanzamos. Ese acto de preparación no deja de ser un acto de amor y servicio hacia nuestros semejantes que compartirán esa noche los alimentos con nosotros. Tras la cena, a las 12 de la noche, es muy importante y es un deber de todo cristiano estar en una iglesia, para recibir al Salvador. Si no estamos los cristianos, ¿quién va a estar para recibirle para nuestra salvación? ¿Es que si hubiésemos estado hace más de 2000 años en Belén no hubiésemos ido adorarle y acogerle? ¿Nos hubiésemos quedado esa noche de borrachera? Está claro que no. Pues por ello debemos estar en la Iglesia, esperándole. Tras la misa, uno puede ir a compartir esta alegría con los amigos o familiares, a disfrutar, a pasarlo bien, pero sin perder de vista por que está feliz. Lo está porque gracias a el podemos compartir nuestra vida con nuestros seres queridos, por que tenemos la Esperanza de que cuando el nos llame a su presencia nos acoja como nosotros le acogeremos en esta noche y en cada día de nuestra vida.
Que nos sirva este momento de dificultad económica para acercarnos de nuevo al Señor y descubrir que nunca debimos o debemos alejarnos de Él.

Que recordemos que hubo una mujer, que entregó su vida a ser la sierva del Señor. A ser la encargada de traerlo al mundo y de acercarlo a nosotros. De ofrecerlo a la humanidad en favor de que la salvara y la salve cada día.

Démosle una buena acogida al Señor cuando llegue en la noche del 24, hagámoslo demostrando nuestro amor por Él y por nuestros semejantes. Que sea una noche de alegría, por supuesto, porque así Él lo desea, pero que sea la noche de felicidad por la llegada de Jesucristo al mundo, no por ningún otro motivo.

Que nadie pierda la oportunidad de compartir una cena divertida, de recibir al Señor (los del blog lo recibiremos en Santa Clara por si alguien se apunta a esta iglesia que cuenta con pocos fieles en esta noche: se vive en un recogimiento especial, en la soledad del Altozano de la Soledad donde se vivirá también la Resurrección en Abril. Además, otorga la posibilidad de ver la felicidad y la forma de acoger a Cristo de las Hermanas del Convento de las Claras), y de compartirlo con los familiares en un sentimiento de alegría, cantando villancicos, riendo y disfrutando porque esa noche un niño llegará a todos nuestros corazones.

Feliz Navidad y que la Nochebuena sea una noche buena de verdad, de fe y de Esperanza.

Julián

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