
Y sin apenas darnos cuenta, llego la madrugá. No da tiempo a descansar tras la procesión de la Vera Cruz, y poco después de ver por la televisión la salida de la Esperanza Macarena de Sevilla, es hora de ir de nuevo a otro de los momentos cumbre de la Semana Santa Cacereña. Este no es otro que la salida del Señor de Cáceres, Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más venerada de nuestra ciudad. Poco antes de las cuatro de la madrugada comienza el ajetreo en los alrededores de la iglesia de Santiago. Hermanos con túnicas moradas y capuchones con capas blancas revolotean como palomas por las inmediaciones del templo. Lo primero que hacemos muchos es ir a ver al Cristo de la carita morena, que frente a su Madre, María Santísima de la Misericordia, aguarda la llegada del alba. El Señor la observa, con su mirada serena, el reo se siente triste al ver a su madre llorando. El dolor de un hijo cuando ve llorar a su madre sólo puede ser superado por el de una madre que pierde al fruto de su vientre. Tras visitar al Señor, miras el cuerpo inerte del Cristo de las indulgencias, el cual yace como si su alma estuviese ascendiendo al cielo y desprendiéndose del cuerpo. Finalmente me acerco a mi paso, El Calvario, y miro de nuevo a Cristo, que le está diciendo a Juan que hay esta su Madre, y a María que hay esta su hijo. Toco las almohadillas que en unos minutos se clavarán de nuevo sobre mis hombros, de una manera que dista mucho de la delicadeza con la que Jesús Nazareno abraza su cruz de carey, pero es que El es el más grande, es el Rey de los cielos, y una madrugá más, está dispuesto a enseñarnos el camino, a mirar con dulzura a aquellos que no se comportan como debieran con nosotros, a perdonar, a respetar, a mirar con amor a esos niños que ya le esperan en la puerta de Santiago, estos pequeños, que al igual que lo hicimos todos le miran al salir, y arden en deseos de ser mayores, para poder llevar sobre sus hombros, al más digno de los hombres. Una vez colocados los hermanos de carga, entramos y desde nuestra posición en el paso, nos disponemos a apreciar el momento más intenso y más bonito que se puede ver en esta vida. Somos unos privilegiados, porque tan sólo los hermanos de la cofradía lo podremos apreciar por completo. Desde esa esquinita en la que esta apostado el Calvario, veo como el Señor se pone en pie, ayudado por aquellos que más experiencia tienen en nuestra cofradía. Se abraza con delicadeza a su cruz, y comienza un pasito lento por delante de unos cofrades que solo tienen ojos para Él. En este momento se te van de la cabeza todos los problemas y todas las dificultades diarias, y simplemente le miras como camina mirándonos a cada uno de nosotros. Te sientes sumamente especial, porque el que te mira es el hijo de Dios. Y te habla, el se expresa de una manera que solo un creyente, una persona de fe puede escuchar. El Señor te dice que ante cualquier adversidad, simplemente pienses en Él, y actúes como Él lo hizo, con amor al prójimo, con respeto y con perdón. El más grande se dispone a enfilar sus últimos momentos entre nosotros, morirá en San Mateo dentro de 10 horas, pero de momento, ya ha pasado frente a nosotros, con la única iluminación de sus faroles, en la tiniebla de Santiago, que esta totalmente apagado, así es como a los cofrades nos gusta verlo, al natural, porque no necesita adornos, mostrándose tal cual, llega al fondo de todos nuestros corazones. Una vez traspasa el umbral de la puerta de Santiago, no le volveremos a ver ya andando, quizás en la Plaza desde lejos pero difícilmente. Han sido unos minutos intensos. Suena el toque de oración, y Juan Corrales (el Borrasca) le canta la primera saeta. Recuerdo como cuando era niño me pasaba escuchando a todas horas la saeta de Silencio y la Sevillana Adarve Padre Rosario en la que este gran saetero, nos decía como nos enseña a caminar, el paso de Jesús Nazareno. Y como también decía: pero que bonito sale, cuando va de madrugada, y esos fieles, que la acompañan detrás con velas le dicen: si yo pudiese llevar, esa cruz sobre mis hombros. Y es que esta saeta y esta Sevillana, han marcado a muchos cofrades cacereños. A continuación, la Banda Municipal le tocará las marchas que tiene dedicadas a Jesús Nazareno y Cáceres entero lo admirará y se rendirá al verlo pasar por sus empedradas calles. Tras Él, marcharán detrás María Magdalena y la Verónica, La Caída del Señor y el Calvario Vacío llevado por los más jóvenes, los cuales muestran su fe al llevar con entusiasmo los pasos. Cerrando el cortejo, irán los hermanos de la cofradía a los que yo llamo cariñosamente los legionarios, llevando a María Santísima de las Angustias con su hijo en su regazo. Los llamo (o llamamos todos) legionarios porque llevan el paso prescindiendo de las horquillas para sujetarlo en los descansos. Levantarán el paso al cielo cada vez que su Madre así se lo pida. Ellos estarán con Ella en su dolor y de esta forma se lo demuestran. Entre estos pasos irá el Calvario y el Cristo de las Indulgencias. El primero lo llevaremos lo mejor que podamos teniendo en cuenta que es uno de los pasos más grandes de la ciudad y que cuenta con el hándicap de que no lleva banda que ayude a superar los momentos de mayor cansancio. Es notable la mejora que hemos hecho en estos últimos años y seguimos añorando que la banda de la cofradía, marche detrás nuestra para que el paso del Calvario consiga moverse de la misma forma que las Indulgencias. Este último se mueve con categoría, al compás que le marca la banda, con un paso suave pero marcando el movimiento. Es precioso verlo llegar a Santiago, ese es otro de los momentos que nos guardamos los cofrades en nuestra memoria. También es muy bonita la bajada de los Adarves y el paso al lado del Arco de la Estrella, es muy bonito cuando llegamos a una plaza de San Juan abarrotada, la llegada a Santa Clara donde las monjas tras las rejas de madera, miran al señor, me encantan también las Saetas en la Puerta de Mérida y Santa María… Y así entre recuerdos a Galiche termina la procesión el paso del Calvario. Son casi las 9 de la mañana y Jesús Nazareno está de nuevo en su casa, después de haberse recorrido el corazón y el alma de todos los cacereños. Debemos ir rápido a desayunar las torrijas de mi madre para subir enseguida a ayudar a los hermanos de la cofradía de la Expiración. Detrás queda una madrugá intensa en la que hemos podido ver la salida de La Macarena por la televisión y el paso por Santiago de Jesús Nazareno.

Abrazando la cruz de carey,
se encuentra Jesús Nazareno,
espero que el tiempo este bueno,
porque va a salir nuestro rey.
Mirándolo esta la Virgen María,
para ella no existe consuelo,
al ver a Jesús Nazareno,
saliendo al comenzar el día.
Lo ve marchar cargando,
una cruz a la que abraza,
lo ve marchar andando,
con dirección a la plaza.
Detrás irá María Magdalena,
siguiéndole hasta el calvario,
con cara de esperanza y pena,
parece que reza el rosario.