Al realizar la lectura del evangelio del miércoles, a las 12 de la noche, recién comenzado el día 28, me encontré con una de mis parábolas favoritas. Sin embargo, ante el gran número de entradas ofrecidas ese día, decidí redactarla en otro día. Hoy, mi deseo de compartirla con vosotros, se satisface. Sin más, me dispongo a ofreceros la lectura del evangelio según San Marcos 4, 1-20.
Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: "Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron unos pájaros y se lo comieron. Otro poco, cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda; brotó en seguida; pero cuando salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno". Y añadió:"el que tenga oídos para oír, que oiga". Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: "A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que "por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen". Y añadió: "¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en buena tierra; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o el ciento por uno"
Salmo 109, 1-4
Al maestro de coro. Salmo de David.
Oh Dios de mi alabanza, no estés mudo,
pues abren contra mí su boca malvada y mentirosa;
me hablan un lenguaje de calumnias,
me acorralan con palabras de odio
y me atacan sin motivo;
en pago de mi amistad me acusan,
y yo no hago más que orar;
Hebreos 10, 11-18
Eficacia del sacrificio de Cristo.
Y mientras todo sacerdote se presenta diariamente, oficiando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que no tienen poder alguno para quitar los pecados, él, por el contrario, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sentó siempre a la derecha del Dios, esperando desde entonces que sus enemigos sean colocados como estrado de sus pies. Porque por una ofrenda única ha hecho perfectos para siempre a aquellos que santifica. Esto mismo nos atestigua también el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
Esta es la alianza
que haré con ellos
después de estos días,
dice el Señor:
Pondré mis leyes en su mente
y las escribiré en sus corazones
y no me acordaré más
de sus crímenes
y sus pecados.
Ahora bien, donde hay perdón de los pecados, no hay necesidad de ofrenda por el pecado.
Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: "Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron unos pájaros y se lo comieron. Otro poco, cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda; brotó en seguida; pero cuando salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno". Y añadió:"el que tenga oídos para oír, que oiga". Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: "A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que "por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen". Y añadió: "¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en buena tierra; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o el ciento por uno"
Salmo 109, 1-4
Al maestro de coro. Salmo de David.
Oh Dios de mi alabanza, no estés mudo,
pues abren contra mí su boca malvada y mentirosa;
me hablan un lenguaje de calumnias,
me acorralan con palabras de odio
y me atacan sin motivo;
en pago de mi amistad me acusan,
y yo no hago más que orar;
Hebreos 10, 11-18
Eficacia del sacrificio de Cristo.
Y mientras todo sacerdote se presenta diariamente, oficiando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que no tienen poder alguno para quitar los pecados, él, por el contrario, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sentó siempre a la derecha del Dios, esperando desde entonces que sus enemigos sean colocados como estrado de sus pies. Porque por una ofrenda única ha hecho perfectos para siempre a aquellos que santifica. Esto mismo nos atestigua también el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
Esta es la alianza
que haré con ellos
después de estos días,
dice el Señor:
Pondré mis leyes en su mente
y las escribiré en sus corazones
y no me acordaré más
de sus crímenes
y sus pecados.
Ahora bien, donde hay perdón de los pecados, no hay necesidad de ofrenda por el pecado.
Que nuestro corazón se encuentre abierto siempre a las palabras del Señor, a la única verdad, para que germine dentro de nosotros la fe y las buenas obras sean un constante en nuestra vida.
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