Como podemos apreciar cada Semana Santa, nuestros pasos marianos han ido degenerando hacia un caminar carente de elegancia y de balanceo constante… Se ha impuesto un paso desordenado, brusco, con horquillazos que desprenden esa fuerza que no se imprime desde los pies a los hombros. ¿Qué motivos han llevado a nuestros pasos, sobre todo los de palio a perder esa elegancia? ¿Por qué, si los pasos de Cristo se van orientando cada vez más al estilo elegante, poderoso y fino? ¿Nadie se da cuenta de que los barales solo se mueven hacia un lado mientras que hacia el otro se mantienen firmes? El balanceo del palio debería ser hacia los dos laterales por igual, y eso solo se consigue con una mecida suave. En este artículo, intentaremos pormenorizar los motivos que han llevado a que nuestras reinas vayan más de romería que de Estación de Penitencia con esos “bailes” hacia delante y hacia atrás.
En primer lugar, los hermanos de carga y los capataces, buscan habitualmente el aplauso fácil de esa gente que no sabe de elegancia de pasos de palio. Un reconocimiento similar al que se le otorga a ciertos toreros que solo se lucen con pases de artificio, con saltos de rana y que descuidan por completo el toreo clásico, templado, ese que despierta sentimientos de arte entre todo el tendido y no solo entre los sectores menos entendidos, esos que solo van a los toros a pedir música. Igual sucede en los movimientos de nuestros pasos. No por que realice movimientos más bruscos se luce en mayor medida. Los movimientos suaves, de compás cortito deben mantenerse durante la marcha completa, el avance debe ser lento y corto, y solo un cambio en el tempo de la marcha debe atisbarse suavemente en un alargamiento de paso templado ligeramente perceptible a los sentidos. Es ahí donde se crea el arte, donde se disparan pulsaciones y donde el bello se cuadra ante el paso de la Señora.
Sin embargo, estos movimientos lentos y suaves, con un paso de palio de alpaca plateada requieren un sobreesfuerzo importante por parte de los hermanos de carga. Requiere de una fuerza que obligue a apretar los dientes, a mantenerse firme y a ir dejando la horquilla suave, que no sin sonido, para imprimir todas las energías sobre el baral. En Cáceres, a los hermanos de carga nos falta un poco de echar el resto. El reservarnos continuamente porque hay otra procesión horas después o al día siguiente, hace que no nos entreguemos por completo en cada chicotá. Si a esto le unimos a que muchos de nuestros capataces tienen escasa experiencia debajo de los barales o bien no se toman lo suficientemente en serio su labor, improvisándolo prácticamente todo (sin recorrer previamente el terreno en busca de posibles dificultades, sin analizar vídeos y fotos…) el asunto se complica aun más. Uno de los esfuerzos mayores que tiene que realizar un hermano de carga es cuando tiene que mantener parado el paso, sin avanzar. Es un movimiento que requiere de casta y raza, y es la puerta hacia el arte…ya que, cuando comience el cambio de tempo de la marcha supondrá de nuevo el avance y el pellizco de elegancia reconocido con aplauso.
Las marchas son algo que tampoco ayuda a que los pasos caminen mejor En primer lugar, siempre suena la misma pieza prácticamente. La afamada Macarena que hemos aborrecido todos de tanto escucharla, es prácticamente lo único que se puede escuchar en cada desfile. A esto hemos de unirle que las bandas empiezan a tocar cuando el paso lleva un rato al hombro lo que conlleva que antes de que acabe la marcha se bajará el paso. Las marchas deben iniciarse siempre en cuanto se levante el paso, tras un redoble de tambor, de otra manera, ni se luce el paso, ni la banda, ni nadie. Esto es algo que las bandas de cornetas y tambores conocen perfectamente y es uno de los motivos por los que lucen y se lucen tanto. Finalmente, además de la poca variedad de marchas y la repetición constante, las bandas cacereñas tocan con un tempo más rápido que el adecuado para la marcha. ¿Por qué motivo? No lo sé, pero simplemente escuchen cualquier marcha súper acelerada de las bandas de música cacereñas y compárenlo con la tranquilidad y el tempo de las marchas que suenan tras los palios de Sevilla o de cualquier otra ciudad. A todo esto hay que añadirle que, entre Cofradías y bandas, no se reúnen previamente para fijar donde se toca cada marcha, algo que si están haciendo las nuevas hermandades muy acertadamente.
Otro punto que debemos añadir, es que cualquiera manda en el paso. El jefe de paso es el responsable absoluto de todas las órdenes que se dan a los hermanos de carga. Nadie que no sea autorizado por el mismo debe dar ninguna orden, y los hermanos de carga, por supuesto, deben acatarlas. Cuánto perjudican esos que se agarran de los barales de atrás, y que hacen que la trasera pierda el ritmo de la cabeza.
En primer lugar, los hermanos de carga y los capataces, buscan habitualmente el aplauso fácil de esa gente que no sabe de elegancia de pasos de palio. Un reconocimiento similar al que se le otorga a ciertos toreros que solo se lucen con pases de artificio, con saltos de rana y que descuidan por completo el toreo clásico, templado, ese que despierta sentimientos de arte entre todo el tendido y no solo entre los sectores menos entendidos, esos que solo van a los toros a pedir música. Igual sucede en los movimientos de nuestros pasos. No por que realice movimientos más bruscos se luce en mayor medida. Los movimientos suaves, de compás cortito deben mantenerse durante la marcha completa, el avance debe ser lento y corto, y solo un cambio en el tempo de la marcha debe atisbarse suavemente en un alargamiento de paso templado ligeramente perceptible a los sentidos. Es ahí donde se crea el arte, donde se disparan pulsaciones y donde el bello se cuadra ante el paso de la Señora.
Sin embargo, estos movimientos lentos y suaves, con un paso de palio de alpaca plateada requieren un sobreesfuerzo importante por parte de los hermanos de carga. Requiere de una fuerza que obligue a apretar los dientes, a mantenerse firme y a ir dejando la horquilla suave, que no sin sonido, para imprimir todas las energías sobre el baral. En Cáceres, a los hermanos de carga nos falta un poco de echar el resto. El reservarnos continuamente porque hay otra procesión horas después o al día siguiente, hace que no nos entreguemos por completo en cada chicotá. Si a esto le unimos a que muchos de nuestros capataces tienen escasa experiencia debajo de los barales o bien no se toman lo suficientemente en serio su labor, improvisándolo prácticamente todo (sin recorrer previamente el terreno en busca de posibles dificultades, sin analizar vídeos y fotos…) el asunto se complica aun más. Uno de los esfuerzos mayores que tiene que realizar un hermano de carga es cuando tiene que mantener parado el paso, sin avanzar. Es un movimiento que requiere de casta y raza, y es la puerta hacia el arte…ya que, cuando comience el cambio de tempo de la marcha supondrá de nuevo el avance y el pellizco de elegancia reconocido con aplauso.
Las marchas son algo que tampoco ayuda a que los pasos caminen mejor En primer lugar, siempre suena la misma pieza prácticamente. La afamada Macarena que hemos aborrecido todos de tanto escucharla, es prácticamente lo único que se puede escuchar en cada desfile. A esto hemos de unirle que las bandas empiezan a tocar cuando el paso lleva un rato al hombro lo que conlleva que antes de que acabe la marcha se bajará el paso. Las marchas deben iniciarse siempre en cuanto se levante el paso, tras un redoble de tambor, de otra manera, ni se luce el paso, ni la banda, ni nadie. Esto es algo que las bandas de cornetas y tambores conocen perfectamente y es uno de los motivos por los que lucen y se lucen tanto. Finalmente, además de la poca variedad de marchas y la repetición constante, las bandas cacereñas tocan con un tempo más rápido que el adecuado para la marcha. ¿Por qué motivo? No lo sé, pero simplemente escuchen cualquier marcha súper acelerada de las bandas de música cacereñas y compárenlo con la tranquilidad y el tempo de las marchas que suenan tras los palios de Sevilla o de cualquier otra ciudad. A todo esto hay que añadirle que, entre Cofradías y bandas, no se reúnen previamente para fijar donde se toca cada marcha, algo que si están haciendo las nuevas hermandades muy acertadamente.
Otro punto que debemos añadir, es que cualquiera manda en el paso. El jefe de paso es el responsable absoluto de todas las órdenes que se dan a los hermanos de carga. Nadie que no sea autorizado por el mismo debe dar ninguna orden, y los hermanos de carga, por supuesto, deben acatarlas. Cuánto perjudican esos que se agarran de los barales de atrás, y que hacen que la trasera pierda el ritmo de la cabeza.
¿Los fallos más notables? pues son varios: en primer lugar, un paso de palio tiene que ir siempre de frente, que es una Dolorosa lo que va encima no un cangrejo que va para adelante y para atrás. La mecida debe ser suave y a ambos lados por igual, no como vemos en la Misericordia en la Plaza que parece que en cualquier momento va a ceder el palio hacia su lado derecho. La cabeza y la calderilla, deben llevar el compás abierto en la misma medida, no como vemos en la Esperanza en el que el compás de la cabeza es mucho más amplio que el de la trasera lo que afea el movimiento del paso. Los movimientos deben ser lentos y suaves en lugar de rápidos y bruscos. El avance del paso, debe ser casi imperceptible. No debe haber prisas que obliguen a alargar el paso. Las marchas deben ser variadas, sin repetición, y acordadas con la Cofradía para cuadrarlas con los relevos. Y por último los botecitos. Eso es algo que afea ya por completo el caminar de un paso. Dejemos los botecitos para los conciertos de rock y dediquemonos a mecer a la Madre de Dios que estamos en una Estación de Penitencia.
Por último, les explicaré como, a mi modo de ver, podría lucirse la Esperanza en su entrada. En primer lugar, la marcha no sería Macarena sino, en un primer año, Caridad en el Guadalquivir. La Virgen llegaría suavemente hasta las mismas escaleras de San Juan suave, sin dar ni un paso atrás y avanzando muy lentamente y con compás cortito. Una vez que los cuatro puntas del varal lleguen a las escaleras, muy despacito, izquierda atrás, derecha “alante”. Muy suave, como si estuviera en un platillo, la virgen debe tardar más de un minuto en ir mirando a los fieles cara a cara, uno por uno mientras se va poniendo de frente a la casa de la protectora de la Cofradía Doña Mercedes Calle. Una vez cuadrada, y cuando la marcha cambie en el tempo con el fragmento de marcha procesional, la Virgen, deja de permanecer en el sitio para avanzar tres o cuatro pasos hacia delante para despedirse de “su gente”, para posteriormente con el himno ir volviendo suavemente hacia atrás para recogerse finalmente. Eso es un encierro con estilo, con categoría, con esfuerzo y con clase, y lo que hemos hecho hasta ahora, no es otra cosa que un bailoteo que es ajeno a estaciones de penitencia y eso lo pueden comprobar realizándose una pregunta: Imaginen, que trágicamente muere asesinado un hermano de nuestra hermandad. En el entierro multitudinario en San Juan, cubrimos el féretro con el pendón de difuntos y lo sacamos a hombros entre los hermanos. Otro grupo de hermanos se va con la madre del joven, y se ponen a darle botecitos a andar con ella hacia delante y hacia atrás mientras esta llora desconsolada. ¿Tendría sentido esto? Pues tampoco lo tiene con la Madre de Dios. De acuerdo que esta historia nos la sabemos, que el Hijo del Padre resucitará al tercer día y se presentará a su Madre. Pero independientemente de esto, la Virgen no deja de estar en sus momentos dolorosos.
Simplemente descubran en estos vídeos donde está la elegancia y donde está la brusquedad y la falta de clase. No debemos olvidar, que el palio, las coronas y diademas de las Vírgenes cacereñas, sufren ante los movimientos bruscos como se puede apreciar en el vídeo.
Este año, hemos podido ver la clase en la subida de Nuestra Señora de la Misericordia de la Gran Vía, despacito, suave, con esfuerzo y con raza. O también en la curva del Gran Teatro y la entrada en calle Parras de María Santísima de la Esperanza.
El aplauso no debe ser fácil sino logrado con gotas de sudor y lágrimas. No hay nada más bonito que sentir el fuego de un baral al hombro mientras se derraman gotas de sudor por la frente y se apagan los ojos para ver las lágrimas de la Señora mirando al Hijo de Dios reflejado en las caras de las fieles.
Desde luego este es un punto de vista sobre cómo ha de llevarse un paso con una Mater Dolorosa en el cielo. Es probable que haya opiniones contrarias.
1 comentario:
anda no sabía yo q los pasos tienen libro de instrucciones,.. eso se puede comprar? ¿viene escrito en algun sitio... ?
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